La Diputación de Granada y el Padre Benito

Calle Mesones, 26, Granada, en el sur de España. El edificio allí situado es el punto de mira de investigadores y amantes del misterio. Hoy día alberga las oficinas del catastro de Granada, pero siempre ha sido conocido como el edificio de la Diputación de Granada, no sólo por haber estado ubicado allí dicho organismo, sino además por ser foco de fenómenos paranormales muy destacados en la época en que dicha institución ocupó el inmueble.

El edificio en la actualidad

En el periodo árabe de la ciudad, existieron varias mezquitas en la zona en la que se encuentra el edificio. Dicha zona era llamada Al-Haddadin. Era un arrabal llamado Rabad Arrambla. El nombre de Mesones proviene de la costumbre que existía por parte de los comerciantes llegados a la ciudad de comer y alojarse extramuros en establecimientos dedicados a tales funciones cuando las puertas de Granada estaban cerradas.

Existían tres puertas de acceso, la de Las Cucharas justo al lado de la Diputación, Bib-Almadaa y la puerta de las orejas, colocada hoy día en los bosques de la Alhambra.

Era costumbre pesar la harina en la entrada de la ciudad para evitar fraudes, pero aquel que era descubierto era condenado a la ”pena de orejas”, por la cual le era arrancada una oreja y colgada en la puerta. De ahí su nombre.

Puerta de las Orejas en su ubicación original

En la Reconquista estas mezquitas fueron derruidas y se construyen sendas ermitas, San Sebastián y San Roque. Y es en 1520 cuando se levanta la iglesia de La Magdalena.

Es de esas fechas de cuando datan las primeras noticias sobre fenómenos extraños. Según las crónicas las imágenes de la iglesia a se desprendían solas de sus emplazamientos y caían al suelo, ornamentos que cambiaban de lugar e incluso se sabe que los niños apostaban a quien era el primero en escuchar sonidos extraños que habitualmente se producían en el interior del templo.

Una noticia de 1835 habla de cómo un carruaje fúnebre que transitaba por la zona arrolló a varios transeúntes produciendo les la muerte a causa del desbocamiento de los caballos sin razón aparente. La iglesia se cierra en 1840.

Antigua iglesia de La Magdalena
La iglesia durante su derrumbe
Portada de la Iglesia de la Magdalena en las escuelas del Ave María

Una vez derrumbada la iglesia se ubican allí los almacenes “La Magdalena”, en los cuales se produjo un hecho luctuoso. Uno de los propietarios se ahorco en una de las viejas vigas que aún se conservaban de la iglesia.

Es ya en 1971 cuando la empresa americana Woolworth derriba totalmente el edificio y lo levanta de nuevo para sus grandes almacenes. El nuevo edificio consistía en una mole de hormigón sin ventanas.

Durante las obras de los almacenes se encuentran huesos de niños y un esqueleto adulto detrás de un muro. El hecho se ocultó en aquel momento. Siete años después, en 1980, los almacenes quiebran y cierran. Quizá el hecho de que al parecer la estancia en ciertas zonas del inmueble era desapacible y con sensaciones extrañas ranas, contribuyó a ello. El edificio quedó abandonado un tiempo en el cual se impulsa su reputación respecto a los fenómenos ocurridos en él.

Los almacenes Woolworth
Muro en el que se encontraron los restos humanos

En 1985 el Gobierno Provincial compra el edifico y alberga a las oficinas de la Diputación. Es entonces cuando los fenómenos toman auge y se Dan a conocer públicamente. El diario Idealista de Granada es el primero en publicar los hechos.

Además de los habituales fenómenos, los funcionarios hablaban de tirones de pelo, mobiliario de más de 150 kilos que se mueven solos, cajones que se abren y cierran, máquinas de escribir que funcionan solas y objetos que cambian de lugar. Incluso una empleada de la limpieza fue arrastrada.

En 1986 la Diputación encarga una investigación a los miembros de la organización Omega, liderada por Juan Burgos. Esto supuso un hecho sin precedentes en instituciones gubernamentales. Los investigadores permanecieron en el edificio tres noches, concretamente las de los días 21, 22 y 23 de diciembre.

Los investigadores fueron testigos de múltiples manifestaciones tales como psicofonías, apariciones y sobre todo un hecho que el propio Juan Burgos presenció en primera persona. La primera noche los aparatos recogieron mediciones de un curioso hecho. Las plantas del edificio realizaban una fotosíntesis invertida durante la noche.

Oficina de la Diputación

La segunda noche se produce un ataque hacia Juan Burgos. Estando en uno de los despachos, la investigadora Pilar Perri se encontraba sentada de espaldas a una mesa en la cual había depositado su pitillera. El objeto voló sólo trazando una curva en el aire y terminó impactando en la cara de Juan Burgos. También la propia Pilar Perri observo luces que en un principio pensó podrían ser reflejos de los faros de vehículos que transitaban por la calle, pero poco después se percató de que la habitación no tenía ventanas. Así lo contaba a la propia Pilar:

“Fuimos todos para arriba. Yo vi luces que iban y venían. Pensé que se trataba de las luces de los coches de la calle, pero era imposible porque no había ventanas. Tenía una pitillera a mis espaldas que salió volando por los aires y fue haciendo zigzag hasta que le dio en la cara a nuestro compañero Juan Burgos”

Juan Burgos

Un resultado impactante de la investigación fue la obtención de una psicofonía muy perturbadora grabada por Mariano Carmona. Se trata de la voz de alguien que parece ser muy anciano. La primera parte es difícil de entender, pero a partir de ahí se escucha “…tengo una lengua…os arrepentiréis…” Los expertos la calificaron de auténtica y libre de fraude.

A la par de la psicofonía, Juan Burgos sufre otra agresión.  Al bajar una escalera del edificio noto como algo mordía su mano entre los dedos pulgar e índice. Comprobó cómo unas marcas de dientes quedaban en su piel. Poco después le ocurrió lo mismo en la otra mano. El doctor Juan Rodríguez Galindo, perteneciente a Omega, certificó que se trataban de marcas pertenecientes a un niño pequeño o a un perro.

Escalera en la que Juan Burgos sufrió una agresión

La noche del 23 de diciembre se produjeron los fenómenos más fuertes de toda la investigación. Se produjeron en el muro en el que se encontraron los restos humanos. Así lo describió Juan Burgos:

«En esta última estancia en el edificio, dispusimos con rigor científico, como siempre, la colocación del material técnico, y éste ocupaba sólo las dependencias donde habíamos descubierto la posibilidad de detectar fenómenos extraños. Una vez puestos en marcha todos los aparatos, nos retiramos todos al salón de actos, con el resto de investigadores que ya estaban allí. Durante dos horas, de 1:15 a 3:15 (de la madrugada), los aparatos estuvieron a merced de lo que pudieran registrar. Pasado ese tiempo dispusimos su retirada precintándolos para otorgar la máxima garantía a las pruebas».

Cuando comenzó a realizar las lecturas de los medidores ocurrió algo significativo:

«el medidor empezó a detectar alteraciones. Se disparó la señal acústica y el indicador magnético enloqueció».

Poco después ocurrió algo impresionante:

«Un inesperado arco voltaico salió de la pared, impactando contra el medidor de tal forma que lo arrancó de mis manos. No sé aún si por el sobresalto que experimenté o por la acción del propio rayo, el aparato cayó al suelo, quedando completamente roto. Lo recogí y le volví a colocar la tapa, que se había desprendido en la caída”. Un dolor agudo, en el ángulo que forman los dedos índice y pulgar, me obligó a soltar el aparato, que, esta vez sí, quedó roto en el suelo. Miraba asombrado las señales punzantes que habían quedado en mi mano, cuando algo aún más increíble sucedió: Quedamos estupefactos al ver claramente algo como una figura luminosa.

Se trataba de un ser con aspecto de hombre, de unos cuarenta y cinco años de edad, con pelo canoso, ojos pequeños y hundidos, con nariz recta y labios finos. La distancia existente entre la nariz y el labio superior de la boca era mayor de lo habitual. La fisonomía daba al rostro una expresión de tristeza, aunque la imagen, en general, era plana».

A raíz de esta investigación el edificio cobro notoriedad, y los periodistas del diario “El Ideal” de Granada, Juan Jesús Hernández y Juan Enrique Gómez escribieron las crónicas de lo ocurrido.

El dibujante Andrés Soria, también del mismo diario creo un retrato robot de la aparición, y el resultado de ello fue espectacular:

Una señora se puso en contacto con Juan Burgos y le afirmó que aquel rostro correspondía al de un familiar suyo ya fallecido. Aquel hombre era, ni más ni menos, que el padre Benito, el último párroco de la desaparecida Iglesia de la Magdalena”.

El retrato robot del Padre Benito

En una entrevista de Juan Burgos con el jefe de mantenimiento del edificio, el testigo contaba una experiencia vivida por el mismo:

«Me hallaba reclinado en un sofá de recepción, pasadas las doce de la noche, cuando un aura luminosa y chisporroteante se posó sobre mí. Intenté levantarme, pero aquello me lo impedía. Creí que había llegado mi fin. ¡Qué mal lo pasé! Por fin pude levantarme y aquello entonces desapareció. Salí del despacho a la calle y no regresé hasta que amaneció».

En 1993 la Diputación traslada su sede a otro lugar de la ciudad y en 2006 el edificio sufre una remodelación en la cual se le dota con más de 39 balcones y ventanas.

Tres décadas han pasado y aun así los fenómenos siguen produciéndose. Rafael Reyes, investigador de este tipo de fenómenos, ha tomado varias fotos especialmente intrigantes. Una de ellas fue tomada en una pequeña puerta de cristal a la derecha de la entrada principal. En la foto curiosamente no se ve el reflejo del propio investigador. En su lugar aparecen luces y sombras que recuerdan mucho a la ya mencionada imagen del Padre Benito.

Al día siguiente de tomar esta foto, Rafael tomo otra más muy impactante tal y como el mismo comentó:

«apareció la imagen de un cochero de la época en la que se cerró al culto esta iglesia. La silueta de una levita corta con un pañuelo en el cuello»

Imagen fotografiada por Rafael Reyes

¿Corresponderá esta imagen a la del cochero que no pudo contener a los caballos en 1835?

Es también 30 años después cuando Manuel García Fernández, ex miembro de las fuerzas de seguridad y vigilante del edificio desde 1986 a 1993, dio a conocer el suceso que vivió una noche del año 1992.

Manuel, escéptico total ante este tipo de fenómenos, relata como una noche estando de vigilancia en una de las dos cabinas de traducción simultánea existentes en el salón de actos, escucho claramente tres golpes en las maderas que separaban a modo de pared las dos cabinas.

Asustado se encaminó hasta el escenario, a unos 20 metros, para encender las luces. Pistola en mano pregunto en voz alta si había alguien en el lugar. Comenzó a recorrer el edificio, y al llegar a la tercera planta volvió a escuchar ruidos. A modo de intimidación efectuó un disparo en la arena de un gran macetero.

Sus pensamientos en aquellos momentos se entrelazaban en lo que él había escuchado acerca del edificio y la idea de cómo justificaría ante sus superiores el disparo efectuado.

Llegadas las 3 de la madrugada, Manuel cuenta como el hall de entrada del inmueble se convierte en «un cliché de fotografía blanca y negra, con mucha luz». Dirigiendo la mirada a la entreplanta, observa aterrorizado la figura de lo que el describe como un fraile vestido con una túnica de color blanco. Describe la expresión facial de aquella figura como muy triste, con barba y de unos 40 años de edad. Al instante desapareció.

Días después y para su asombro, Manuel leyó en un periódico local la historia de un fraile aparecido anteriormente.

También el mismo Manuel fue testigo de cómo una empleada de la limpieza se quejaba de como las luces se apagaban y encendían solas. Cuenta también como unos compañeros delineantes sufrieron fenómenos de viento y movimiento de papeles.

Un conocido también vio la figura del fraile, cosa de la que Manuel fue conocedor después del fallecimiento del testigo a través de sus familiares.

El fenómeno que más recuerda Manuel es el de voces y lamentos infantiles, ya que, a lo largo de siete años de trabajo a razón de dos noches por semana, fue testigo de ello en múltiples ocasiones.

Sin duda, la Diputación de Granada se encuentra entre los lugares encantados más inquietantes de España y quizá del mundo. ¿Qué opinas tú? Déjanos un comentario o vota en nuestra encuesta debajo de este artículo.

¿Pasarías una noche en el edificio de la Diputación de Granada?

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